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viernes, 23 de mayo de 2014

Un Señor, una Fe, un Bautismo

Muertos y resucitados con Cristo

Mateo 28:19 Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, (20)  y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. (Dios habla hoy)

Una reseña
El bautismo es un rito de origen precristiano, era, y desde épocas remotas, bien conocido por el pueblo
Este es mi Hijo Amado...
judío, pues fue utilizado en sus ceremonias de purificación destinadas a los paganos que se convertían al judaísmo.
Juan el Bautista lo utilizó como una señal de arrepentimiento del pecado de los hombres hacia Dios, en tanto predicaba sobre la llegada del que vendría detrás de él, quien los bautizaría con el Espíritu santo y con fuego; (el Mesías) más tarde, después de la muerte y resurrección de Jesús, de ser un simple rito de penitencia, se transforma en la figura de nuestra muerte y resurrección junto con Él y el paso a una nueva vida como parte del pueblo de Dios.
En Romanos capítulo 6, versos 3 al 13 inclusive, leemos:
Ustedes bien saben que, por medio del bautismo, nos hemos unido a Cristo en su muerte. (4) Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder. (5) Si al bautizarnos participamos en la muerte de Cristo, también participaremos de su nueva vida. (6) Una cosa es clara: antes éramos pecadores, pero cuando Cristo murió en la cruz, nosotros morimos con él. Así que el pecado ya no nos gobierna. (7) Al morir, el pecado perdió su poder sobre nosotros. (8) Si por medio del bautismo morimos con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él. (9) Sabemos que Jesucristo resucitó, y que nunca más volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre él. (10) Cuando Jesucristo murió, el pecado perdió para siempre su poder sobre él. La vida que ahora vive, es para agradar a Dios. (11) De igual manera, el pecado ya no tiene poder sobre ustedes, sino que Cristo les ha dado vida, y ahora viven para agradar a Dios. (12) Así que no dejen que el pecado los gobierne, ni que los obligue a obedecer los malos deseos de su cuerpo. (13) Ustedes ya han muerto al pecado, pero ahora han vuelto a vivir. Así que no dejen que el pecado los use para hacer lo malo. Más bien, entréguense a Dios, y hagan lo que a él le agrada.