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martes, 15 de abril de 2014

Viva y eficaz, Señor, es tu palabra

Viva y eficaz, Señor, es tu palabra


    Yo no anuncio la buena noticia de Cristo para sentirme importante. Lo hago porque Dios así me lo ordenó. ¡Y pobre de mí si no lo hago!                                                                      1 Corintios 9:16 (la Biblia en lenguaje actual)                                                                 


Nosotros hablamos de lo que conocemos y de lo que fuimos testigos; porque Dios continúa siendo el mismo hoy, tanto como lo fue ayer, como lo será el día de mañana y aún después de que a nosotros nos llame a su presencia. En este siglo XXI, Él todavía se manifiesta de la misma manera que le conocieron los que en la antigüedad caminaron a su lado y fueron quienes dieron los primeros testimonios de su poder y de su gloria.
Estoy a la puerta, y llamo...
De todo corazón deseamos que puedas atender al mensaje que el Señor tiene para darte: Yo estoy a tu puerta, y llamo —Dice—; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo. (Apocalipsis 3:20)La Biblia en lenguaje actual–
Mira que Él no irrumpe como un ladrón, eres tú y debe ser una elección tuya el permitirle entrar en tu vida; ¿Pero, para qué? Te preguntarás, la respuesta es sencilla: Para ser verdaderamente libre y así poder vivir en plenitud la experiencia de esa libertad. Para tener la certeza de que no morirás para siempre, porque desde el mismo momento que aceptas a Cristo como tu salvador estarás presente en el pensamiento de Dios y así tendrás la seguridad de que llegarás a vivir en el lugar reservado para todos nosotros, los que hemos creído en Él y le hemos reconocido como nuestro salvador personal; porque así nos ha sido prometido y su palabra es verdadera. No hay obras que podamos hacer que pueda librarnos de los pecados que nos condenan, solamente Cristo Jesús tiene el poder de quitar de nosotros cada uno de ellos, incluso aquellos que por graves creemos imposibles de perdonar. El costo de nuestro perdón fue su propia vida entregada en la cruz; la sangre de Cristo fue el único sacrificio válido y necesario para que Dios pudiera vernos nuevamente sin llevar a sus pensamientos las iniquidades que durante tanto tiempo nos condenaban.
Uno de los pasajes más conocidos de la Biblia es el que podemos leer en el libro de Juan, capítulo 3, verso 16: Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. (De aquí en más y hasta que no sea indicado lo contrario, los textos de la Biblia son tomados de la Biblia en lenguaje actual y las referencias a Reina-Valera (RV) sin indicación de año, a la versión corregida de 1960 por tratarse de la más conocida)
Posiblemente cualquiera de nosotros y en una situación extrema puede ser capaz de dar la vida por un ser amado, incluso también podría hacerlo por alguno que estuviera unos escalones por debajo en la lista de nuestros afectos, pero; ¿La daríamos con la misma decisión por un completo desconocido? Él lo hizo porque nos creyó merecedores de ese sacrificio, creyó en nosotros y nos amó, aun cuando nosotros todavía no creíamos en Él.
Ahora es a ti a quien busca; sí, a ti, te está llamando. ¿Le abrirás la puerta de tu corazón o permitirás que siga de largo para golpear en otras puertas?
La decisión es tuya y es personal.
En Romanos capítulo 10 verso 10, podemos leer: Pues si creemos de todo corazón, seremos aceptados por Dios; y si con nuestra boca reconocemos que Jesús es el Señor, Dios nos salvará.
Pero atiende a esto: Solamente acepta esta invitación si realmente sientes en tu corazón que Jesús debe conducir el timón en tu vida para llevarte por lugares que nunca has andado ni imaginado, si verdaderamente crees que Él también pensaba en ti cuando entregaba su propia vida al Padre, como sacrificio por todos nosotros allí en la cruz; medita en las palabras que siguen, utilízalas como guía si no sabes de que manera orar, o di las que creas convenientes, las que salgan de tu boca. En: Romanos 10:9 leemos; Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (RV) Dios no puede obligarte a que hagas nada que no deseas, respeta tu libre albedrío; pero se regocija cuando alguien se vuelve a Él y hay fiesta en el cielo. Lucas 15:10 dice: De la misma manera, los ángeles de Dios hacen fiesta cuando alguien se vuelve a Dios. Si crees que este es el momento, no lo dejes pasar, nadie sabe que viene en el instante próximo, tampoco sabemos cuando puede ser demasiado tarde.

Señor Jesús, hoy te acepto como mi salvador personal y te doy las gracias por haber recordado mi nombre al morir por mí en la cruz y para el perdón de todos mis pecados. Tu muerte me ha dado vida y tu resurrección, la certeza de que esa vida es eterna; escribe mi nombre en el libro de la vida, ayúdame a conocer más de ti y a vivir conforme a tu voluntad hasta el día que me llames a tu presencia.
Amén

Pequeña oración, pensarás, para suponer este, el paso más importante que has dado en tú vida; pero si has sido sincero, es así; tenemos un Dios bueno por compartir, un Dios que no se anda con vueltas para ponerse a caminar junto con nosotros. Un Dios que oye nuestras oraciones y las responde, suple todas nuestras necesidades, y suele confortarnos con esas caricias al alma que no tardaremos en reconocer como obras de su mano.
Leamos lo que dice el evangelio de Juan capítulo 14 verso 13 y 14.
Yo haré todo lo que ustedes me pidan. De ese modo haré que la gente vea, a través de mí, el poder que tiene Dios el Padre. (14) Yo haré todo lo que ustedes me pidan.
O como lo dice la versión revisada del año 2000 de Reina-Valera
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (14) Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.
¿Qué mayor confirmación que la misma palabra de Dios? Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré o a la manera sencilla: Yo haré todo lo que ustedes me pidan.

La palabra todo no puede tener otro sentido que el que le conocemos. No es casi, no es una parte ni un trozo ni una porción, es, en su máxima expresión literal, todo, y Dios no es un hombre para decir mentiras ni dar doble intención a sus promesas.

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