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sábado, 12 de julio de 2014

Hasta los confines de la tierra

Predicando la palabra para la gloria del Señor

Para que la palabra del Señor corra y sea glorificada 
                                                                                       2Tesaloniscenses 3:1

De vez en cuando, al reflexionar sobre algunos temas bíblicos mis pensamientos parecen escapar de mi mente para volar hasta aquel lejano primer siglo, donde la iglesia comenzaba a formarse en Jerusalén.
Con la necesidad de oír
Mi imaginación se dispone entonces a recrear (hasta donde alcanza) una parte de la vida de estos primeros seguidores de Cristo, incultos en su mayoría, (incluso lo eran algunos de los discípulos del Señor; cabe recordar que a Pedro y a Juan, el concilio, aunque se sorprendiera por tanta resolución a la hora de hablar, los juzgó hombres sin letras y del vulgo. –Hechos 4:13–) tampoco debemos olvidar que los primeros seguidores de Jesús fueron hombres y mujeres de condición humilde. Gente ocupada en asuntos más urgentes que los de aprender a leer o escribir; esclavos, extranjeros (prosélitos), y todos aquellos que movidos por el arrepentimiento habían dejado atrás la mala vida que los condenaba. Ellos oían de la buena nueva que les era anunciada y deseaban saber más de Jesucristo, el hijo de Dios que por propia voluntad se había hecho hombre y había caminado entre ellos, porque ahora lo sabían (aunque mientras estuvieron con Él no alcanzaron a verlo), había venido en la carne, y también había muerto colgado de una cruz, como sacrificio al Padre; ¡Y por cada uno de ellos! Pero también sabían que tres días más tarde, por el poder de Dios, había vencido a la muerte. Estaban gozosos de oírlo de aquellos que habían estado con Él y habían sido testigos de todo lo que ahora narraban, con denuedo, porque ya no temían a las represalias y además, con tanta elocuencia, ambos dones otorgados por el Espíritu Santo que el Señor les prometiera antes de regresar al cielo a ocupar el sitio de honor reservado para Él por su Padre (y nuestro Padre) Dios y junto a su trono; el mismo Espíritu Santo que también había sido anunciado para cada uno de ellos y los que también habrían de creer en el Señor Jesús, el Cristo y salvador; aquel que había regresado la amistad entre Dios y los hombres.
La iglesia crecía oyendo y fueron estos hombres quienes después predicaron todo lo aprendido hasta lo último de la tierra.
Faltaba todavía para que los Evangelios, los hechos de los Apóstoles, las cartas y la revelación dada a Juan en la isla de Partmos, fueran escritos. Por entonces la Palabra se extendía por medio de la palabra y eso no impedía el crecimiento de la iglesia del Señor.
La vida en comunidad escogida por estos hombres y mujeres le dio a cada uno más de lo que hubiesen esperado recibir; la Iglesia de Dios, organizada, comenzaba a servir de una manera eficaz a todos los que pertenecían a ella; anunciando la salvación por medio de Cristo y la necesaria vida acorde a esta salvación para mantenerla hasta el fin, y enseñando, además, un oficio a quien no lo tuviera e instruyendo a los iletrados.
La palabra comenzó a propagarse ya, por la misma palabra y por escrito entre una y otra Iglesia.
2Tesalonicenses 2:15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. (R-V)
Colosenses 4:16 Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. (R-V)
Los primeros discípulos del Señor fueron los encargados de establecer la Iglesia de Cristo, para esto habían sido comisionados por Él después de resucitar (Mateo 28:16 en adelante), pero ninguno de ellos ignoraba que la muerte (física) habría de sobrevenir en algún momento; los Evangelios y las cartas serían entonces el documento que daría testimonio de todas aquellas enseñanzas oídas directamente de los labios de Jesús, por quien Pablo, (aunque por revelación, y después de habérsele presentado en una visión –Hechos 9:3– sucedida camino a Damasco) también fuera escogido y adoctrinado.
Gálatas 1:11 Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; (12) pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. (R-V)
Hechos 9:15 El Señor le dijo: (A Ananías y refiriéndose a Pablo, todavía Saulo) Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; (16)  porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. (R-V)
El trabajo no sería para nada sencillo, Satanás haría cuanto a su alcance estuviera para interferir en la salvación de todos los que habían creído, en las cartas encontramos referencias a esta intromisión, pero también a como reconocerlas y evitarlas recurriendo a lo que les había sido enseñado, hubo engaños, falsas doctrinas, doctrinas de demonios, falsos apóstoles y discípulos que corrompían la Palabra en pos del propio beneficio, hubo apostasía, anticristos y persecuciones despiadadas; pero aquella primer Iglesia se mantuvo firme y trascendió los siglos (aunque igual que ellos entonces, hoy debamos buscar donde está la verdad, y la respuesta sigue siendo la misma que en el primer siglo: En la Palabra de Dios. Todos conocemos la palabra escudriñar, de ella el diccionario nos dice: Examinar, indagar y averiguar algo con cuidado y atención. Escudriñemos entonces las escrituras.
2Timoteo 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, (17) a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (R-V)

Será hasta que nos volvamos a ver, si el Señor así lo quiere, bendiciones y comenten, que no cuesta nada y nos da motivos para continuar.
Siguiente entrega: El Reino del que somos ciudadanos


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