Predicando la palabra para la gloria del Señor
Para que la palabra del Señor corra y sea glorificada2Tesaloniscenses 3:1
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| Con la necesidad de oír |
La
iglesia crecía oyendo y fueron estos hombres quienes después predicaron todo lo
aprendido hasta lo último de la tierra.
Faltaba
todavía para que los Evangelios, los hechos de los Apóstoles, las cartas y la
revelación dada a Juan en la isla de Partmos, fueran escritos. Por entonces la
Palabra se extendía por medio de la palabra y eso no impedía el crecimiento de
la iglesia del Señor.
La
vida en comunidad escogida por estos hombres y mujeres le dio a cada uno más de
lo que hubiesen esperado recibir; la Iglesia de Dios, organizada, comenzaba a
servir de una manera eficaz a todos los que pertenecían a ella; anunciando la salvación
por medio de Cristo y la necesaria vida acorde a esta salvación para mantenerla
hasta el fin, y enseñando, además, un oficio a quien no lo tuviera e instruyendo
a los iletrados.
La
palabra comenzó a propagarse ya, por la misma palabra y por escrito entre una y
otra Iglesia.
2Tesalonicenses
2:15 Así que, hermanos, estad
firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por
carta nuestra. (R-V)
Colosenses
4:16 Cuando esta carta haya sido
leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los
laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros. (R-V)
Los primeros discípulos del Señor fueron los encargados
de establecer la Iglesia de Cristo, para esto habían sido comisionados por Él
después de resucitar (Mateo 28:16 en
adelante), pero ninguno de ellos ignoraba que la muerte (física) habría de sobrevenir
en algún momento; los Evangelios y las cartas serían entonces el documento que
daría testimonio de todas aquellas enseñanzas oídas directamente de los labios
de Jesús, por quien Pablo, (aunque por revelación, y después de habérsele
presentado en una visión –Hechos 9:3–
sucedida camino a Damasco) también fuera escogido y adoctrinado.
Gálatas 1:11 Mas os hago saber, hermanos, que el
evangelio anunciado por mí, no es según hombre; (12) pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por
revelación de Jesucristo. (R-V)
Hechos 9:15 El Señor le dijo: (A
Ananías y refiriéndose a Pablo, todavía Saulo) Ve, porque instrumento escogido
me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y
de los hijos de Israel; (16)
porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. (R-V)
El trabajo no sería para nada sencillo, Satanás haría
cuanto a su alcance estuviera para interferir en la salvación de todos los que
habían creído, en las cartas encontramos referencias a esta intromisión, pero
también a como reconocerlas y evitarlas recurriendo a lo que les había sido
enseñado, hubo engaños, falsas doctrinas, doctrinas de demonios, falsos
apóstoles y discípulos que corrompían la Palabra en pos del propio beneficio, hubo
apostasía, anticristos y persecuciones despiadadas; pero aquella primer Iglesia
se mantuvo firme y trascendió los siglos (aunque igual que ellos entonces, hoy
debamos buscar donde está la verdad, y la respuesta sigue siendo la misma que
en el primer siglo: En la Palabra de Dios. Todos conocemos la palabra
escudriñar, de ella el diccionario nos dice: Examinar, indagar y averiguar algo
con cuidado y atención. Escudriñemos entonces las escrituras.
2Timoteo
3:16 Toda la Escritura es inspirada
por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en
justicia, (17) a fin de que
el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (R-V)
Será hasta que nos volvamos a ver, si el Señor así lo quiere, bendiciones y comenten, que no cuesta nada y nos da motivos para continuar.
Siguiente entrega: El Reino del que somos ciudadanos

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