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sábado, 13 de septiembre de 2014

Cómo el Señor de la Justicia, así de Justos

El que practica la justicia es justo, como Él es justo



Tenemos por costumbre creer de nosotros más de lo que realmente alcanzamos o podemos ser, la justicia es una cualidad que muchos cristianos decimos tener, casi como el fariseo que oraba en el Templo junto al cobrador de impuestos.
Dios mío, ten misericordia de mí,
porque soy un pecador

Lucas 18:11 Puesto de pie, el fariseo oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco soy como ese cobrador de impuestos! (12) Yo ayuno dos veces por semana y te doy la décima parte de todo lo que gano. (Lenguaje sencillo)
Lejos estamos de la justicia de los primeros cristianos, a lo largo del tiempo fuimos cediendo espacio a prácticas del mundo y las hicimos participar de nuestras reuniones, como si Dios hubiese cambiado.
Nos esforzamos en transformar al Señor en una imagen demasiado parecida a nosotros, donde su amor es completamente tolerante de nuestras rebeldías, desplantes y malas actitudes.
Dios es amor, decimos; y es cierto, pero es justo y no tolera ni la injusticia ni el pecado. El sacrificio de la muerte de Cristo sucedió una sola vez y no se repite, lo conveniente es cuidar esta salvación que nos fue dada de gracia.
Hebreos 10:26  Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, (27) sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. (R-V)
Romanos 3:10 Como está escrito: No hay justo, ni aun un (11) No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. (12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan.
Es cierto que estas palabras estaban dirigidas a otros personajes, pero se me hace que demasiado parecidos a nosotros.
1Juan 3:7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. (R-V)
Ahora bien; ¿Quién es el justo?
La Biblia en lenguaje sencillo lo dice claramente en el mismo verso:
1Juan 3:7 Hijitos míos, ¡que nadie los engañe! Todo el que obedece a Dios es tan justo como lo es Jesús.
Solo cada uno de nosotros sabe con certeza a cuanto alcanza nuestra obediencia y el compromiso que, por querer ser justos a los ojos de Dios, dedicamos al prójimo. ¿Pero en cuánto nos parecemos al Señor y su justicia?
Esa también es una respuesta que debemos hallar dentro de nosotros, de nada sirve mentirnos, nuestra salvación no puede estar construida en mentiras si no deseamos que después de la muerte nos alcance una realidad terrible, aunque para nada sorprendente.

Cuando la rutina se apodera de nuestra voluntad
Es cierto, somos cristianos que entendemos el deber de participar de las reuniones de nuestras Iglesias; pero en tanto avanza el tiempo, sucede que a muchos de nosotros la rutina mengua nuestra constancia, y un buen día empezamos a desear esas visitas inesperadas que dejan de ser inoportunas o vemos mil veces el cielo esperando a que se cubra de oscuros nubarrones que desencadenen un segundo diluvio universal, más no sea en el trayecto hasta el templo al que habitualmente concurrimos o que hayamos olvidado de dar cuerda al reloj y por consiguiente no suene la alarma para, como fieles devotos que somos, pudiésemos participar de la reunión en la que estuvimos pensando durante toda la semana. Resulta demasiado fácil olvidar nuestro primer amor.
Apocalipsis 2:4 Sin embargo, hay algo que no me gusta de ti, y es que ya no me amas tanto como me amabas cuando te hiciste cristiano. (5) Por eso, acuérdate de cómo eras antes, y vuelve a obedecer a Dios. Deja de hacer lo malo, y compórtate como al principio. Si no lo haces, yo iré a castigarte y quitaré tu candelabro de su lugar. (Lenguaje sencillo)
La Iglesia de Éfeso entonces, muchas de nuestras Iglesias hoy; maravilloso libro la Biblia que su mensaje se mantiene a lo largo de los siglos para quien tiene la voluntad de oírlo.
2Timoteo 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, (17) a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (R-V)

Poco más queda por decir, nadie puede mentir a Dios y como juez justo que es, así será nuestro juicio.

Será hasta un nuevo encuentro; bendiciones.

Hasta la próxima

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