Ser cristiano en el siglo XXI (segunda parte)
A nuestra
imagen y semejanza
Hemos nacido humanos, no perros, gatos, ratones, elefantes, hormigas o cualquier
otro animal de los muchos que habitan esta tierra sometida a nuestro señorío, y
aunque a hechura de nuestros padres, llegamos al mundo con la huella de un
antiguo linaje que nos lleva hasta ese deseo de Dios de crear al hombre y a la
mujer a imagen y semejanza suya, diseño que todavía llevamos; aunque muchas
veces se nos hace difícil recordarlo.
He escuchado por ahí de la imposibilidad de existencia de este ser superior,
artífice de todo lo que es y conocemos, eterno, omnipresente, todopoderoso y
omnisciente; del que dicen, es el resultado de nuestros propios temores, del sentimiento
de orfandad que nos atormenta durante la edad adulta y la construcción con la
que pretendemos disminuir la incertidumbre que llega durante la infancia junto con
el conocimiento intelectual de la muerte como desenlace fatal de haber vivido y
nos hace conscientes de nuestra propia finitud. He oído de su muerte y del posterior
resurgir del nuevo hombre.
¡Ay, si yo no tuviese la mente tan cerrada por tantas supersticiones
infantiles que me ayudan a creer en el Dios de mi salvación! Cuanta y tan
interesante cantidad de cosas hay debajo del sol (de este y los otros sistemas
solares que seguramente hay en otras galaxias) que necesitamos conocer en el
nombre de la verdad.
¿Cómo creer en Dios? ¿No es más lógico y razonable creer en seres extraterrestres
llegados desde lejanas galaxias para modificar el ADN de los simios autóctonos y
de esta sencilla manera crear al hombre, una bestia un poco más inteligente que
el resto de las criaturas que andaban por entonces, tan útil a sus maléficos fines
de esclavizarnos para el trabajo en las minas de uranio y oro, material tan
útil a sus extraterrestres necesidades?
¿Acaso no nos llegan sus huellas desde épocas remotas? ¿No grita el pasado
de la llegada de todos ellos? ¿Los bajorrelieves babilónicos con sus extraños
seres alados y esas figuras que observan al hombre desde el aire y montadas en insólitos
objetos alados no se convierten en un testimonio gráfico incuestionable? ¿No
insinúa de estas visitas espaciales la mismísima Biblia y demás libros, tanto o
más antiguos que ella? ¿Ezequiel no los vio con sus propios ojos y dio
testimonio de esto en su libro? ¿Elías no fue abducido por un carro de fuego
que lo quitó de la vista de Eliseo para llevarlo al cielo sin que viera la
muerte? ¿Y el apócrifo Enoc no describe un vuelo por el espacio sideral con
detalles tan precisos que solamente podrían conocerlos aquellos que han estado
allí arriba? ¡Seguramente por esto no fue incluido en la Biblia! ¿O por qué
creen ustedes que el Papa no muestra la verdadera Biblia que tiene en esa
enorme biblioteca de libros prohibidos oculta en el laberinto de sótanos del
Vaticano? ¿No tienen acaso los militares norteamericanos y rusos a estos (poco
afortunados) especímenes provenientes del espacio conservados en enormes
frascos de formol, y ocultas a la humanidad en áreas secretas las naves
espaciales con las que llegaron a la tierra? Y para completar una duda personal,
aunque poco tenga que ver con todo esto; ¿Adam y Eva tenían ombligo?
Yo pregunto con esta extrema curiosidad que me otorga esta tan enorme
ignorancia producida por mis infantiles y supersticiosas creencias cristianas:
¿De existir estos seres extraterrestres que, como los Ángeles, habitan la
esfera celeste, de donde salieron, de la casualidad y el caldo primigenio que
los formó, de algún dios creador revestido de todas las cualidades que se
conocen de cualquier ser superior que se precie de tal o fueron el experimento
de otros extraterrestres llegados desde otras galaxias más lejanas aún de sus
propias lejanas galaxias donde, de existir, seguramente habitan?
Hoy nadie puede dudar de la existencia de vida extraterrestre, asegurarán
los nobles y viejos sabios de la sociedad humana del conocimiento destacado (SHCD),
mesándose las barbas y mirando las estrellas a través de la lente de un enorme catalejo
de bronce oscurecido por el paso del tiempo y desde la ventana del club en el
que se reúnen los viernes después de cenar para hablar de todas estas cosas.
Incluso si Dios fuera el creador de todo esto; ¿Para qué querría hacer algo tan
vasto si no se aprovecha? Dicen como quien señala una verdad irrefutable.
1Corintios 3:19 Porque, para Dios, la sabiduría de este mundo es una
tontería. Como dice la Biblia: Dios hace que los sabios caigan en sus propias
trampas. (20) Y también
dice: Bien sabe nuestro Dios las tonterías que a los sabios se les ocurren. (Lenguaje
sencillo)
Pero Dios aún está demasiado lejos
de ser una certeza en la que podamos creer sin ninguna oposición del intelecto.
Será hasta la siguiente entrega, Dios los bendiga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Con un comentario sabemos que estás ahí, y es una bendición saberlo.