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sábado, 8 de noviembre de 2014

Ser cristiano en el siglo XXI (tercera parte)


El ejercicio de pensar razonando
“Amados hermanos míos, tan solo por un momento olvidemos nuestra condición de cristianos y razonemos, así como lo hacen los demás mortales”; dijo una vez un viejo y conocido pastor a su congregación; el no estaba bromeando. Es lamentable saber que muchos de nosotros entendemos el ser cristiano con el hecho de resignar (y sin culpa alguna) una parte de nuestro cerebro colgándolo a las puertas del templo, mientras la otra parte (ese poco que por nuestra necesidad de respirar, caminar y repetir amén como cotorras, dejamos dentro de nuestro cráneo) hallará entretención en acertar cuanto tiempo ha de pasar hasta el final de la reunión.
Tenemos en poco el asunto de ser la única creación de Dios hecha a su imagen y semejanza, no una consecuencia del poder de su palabra sino el resultado del trabajo artesanal de sus manos; ¿Creemos realmente que somos ese reflejo que el Señor desea encontrar en cada uno de nosotros?
Si poco reflejamos del Señor, poco veremos de Él manifestándose en lo cotidiano y haremos dudosa la realidad de su existencia. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la expresión: Dios, si realmente existes has por mí esto o aquello? La falta de credulidad nos aleja de Dios (además de poner en riesgo nuestra salvación); nada existirá de todo aquello que creamos imposible de existir, y por una sencilla razón, nunca se manifestará a nosotros.
“Estoy a la puerta y llamo” es muy distinto a decir “entraré a tu casa sin llamar”, Él esperará a que nosotros abramos la puerta y le digamos: “Adelante y se bienvenido”. ¿Por qué ha de manifestarse al mundo al que convoca para sí desde el día que fue para Dios el sacrificio propicio, si el mundo no es capaz de oír y atender a esa llamada?
Aun así, la certeza de su existencia va más allá de una cuestión de fe.

¿Re, non verbis (De hecho, no de palabra) o: Res, non verba? (hechos, no palabras)
Aunque pueda parecer la misma expresión, si nos ponemos a ver con atención descubriremos la sideral distancia que existe entre una y otra. Un conocido refrán dice: los hechos dan testimonios, a las palabras se las lleva el viento; el apóstol Juan nos lo recuerda de una amorosa manera:
1Juan 3:18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. (R-V c)
Santiago 1:23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. (R-V)
Santiago va un poco más allá, además de hacernos notar nuestra tontera, da un enorme valor a la palabra que oímos (un defecto, ese de no escuchar con atención, poco común entre los cristianos, todos nos ocupamos con gran interés lo que nos ayuda a crecer), y nos alienta a ser hacedores de ella (no debemos esforzarnos por ayudar a salir del otro lado del espejo al nosotros atrapado dentro; lo he intentado y es imposible hacerlo).
La palabra puede ser importante, los hechos son nuestro testimonio.
“De hecho”, esto es así. Pero la efectividad con la que algo se realiza no es igual al asunto de hacerlo, de allí tantos desencantos y desencuentros entre nosotros y Dios.
¿Cuántas veces nos encontramos orando y sin saber de donde ni por qué, nos sale decir; “si puedes”, para inmediatamente corregirlo por un “si quieres”, que pretende ser un “si es tú voluntad“, tímido y nervioso? Deberíamos saber que Él todo lo puede, que quiere siempre lo mejor para nosotros y sobre todo, que si lo pedimos en oración y en nombre de su hijo, Él lo hará; Dios cumple sus promesas siempre. La duda surge de no creer correctamente. Pedro se hundió en el mar cuando permitió que la duda ocupara un espacio mayor al de la fe que lo hiciera salir de la barca; “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Dijo entonces Jesús. La duda puso incredulidad en el corazón de Tomás al dudar que fuera Jesús quien se había aparecido a sus camaradas, Jesús dijo entonces; “No seas incrédulo, sino creyente”. Podemos entonces decir sin temor a equivocarnos: Dudar se parece demasiado a no creer.
¿Pero esto qué tiene que ver todo esto con el tema propuesto? Se preguntarán, y yo diré: Demasiado; Dios no será menos real por creer en Él o no, pero sí lo será para nosotros, Dios no entrará a nuestras vidas si no le dejamos entrar a ella y todas las manifestaciones de su poder no sucederán en nosotros. ¿Por qué entonces Dios se ha manifestado en la vida de muchos no creyentes? Se preguntarán. ¿Cuántos casos conocen de la oración a una foto, a un pañuelo o a una prenda de vestir de cualquier individuo y el milagro sucede? En todos existe una palabra que obliga al Señor a actuar y esa palabra es fe, del que concurre a la iglesia y también la de aquel que le entregó el objeto sobre el que orar.
He escrito adrede eso de obligar al Señor a actuar por una sencilla razón, lean con atención.
Mateo 15:25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! (26) Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. (27) Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. (28) Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. (R-V)
Una de las acepciones de la palabra obligar es, según el diccionario: comprometerse a cumplir algo.
Cuando Jesús afirma en Juan 14:14: Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. (R-V)
El se compromete con nosotros y eso no lo cambia ninguna interpretación bíblica, la obligación suya es una consecuencia directa de nuestra fe hacia Él, y Él nunca se desdecirá de su palabra.
Creer en Dios es el resultado de confiar en su existencia, el cristiano cree por fe y eso le da argumento a la razón; ¿Pero todos los cristianos están intelectualmente convencidos de la existencia de ese Dios del que nos habla la Biblia? En el mercado de la fe he encontrado una variedad muy extraña de cristianos; pero eso será parte de la conclusión de este tema que ya se ha extendido demasiado.
Hasta la próxima y perdón por las tardanzas. Es Dios quien maneja nuestro tiempo y a veces nos lleva donde quiere y particularmente yo no suelo pedirle explicaciones de sus decisiones.

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