Todo esto he guardado desde mi juventud
(Marcos 10:20)
Había dicho el hombre, postrado delante de Jesús, y en respuesta a lo que
el Señor le había mencionado sobre el conocimiento de los mandamientos; un
momento antes este hombre le había preguntado: ¿Qué debo hacer para heredar la
vida eterna?
Marcos 10:21 Jesús
lo miró y, con mucho amor, le dijo: Una cosa te falta: anda y vende todo lo que
tienes, y dáselo a los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo. Después de
eso, ven y sígueme. (22) Cuando
aquel hombre oyó eso, se afligió y se fue triste, porque tenía muchas
posesiones. (R-V c)
¿Hasta dónde estamos resueltos a ceder de nosotros por seguir a Cristo? ¿Cuánto
de lo que Él pudiera demandarnos seríamos realmente capaces de entregarle?
Dios, en algún momento de nuestras vidas nos mueve a enfrentarnos a todos
esos ídolos que fuimos construyendo mientras crecíamos, conoce el muro que ellos
levantan entre Él y nosotros, y en algún momento deberemos escoger entre estas dos
opciones; servirle a Él o quedarnos con ellos; Jesús, quien conoce lo oculto de
los corazones, sabía que este hombre, ahora inclinado delante de Él, tenía uno
y poderoso; y aun con todo el amor puesto en el gesto y las palabras, no pudo impedir
que se alejara con tristeza de su lado.
Marcos 10:23 Jesús miró a su alrededor, y les dijo a
sus discípulos: ¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! (R-V
c)
1Timoteo 6:10 porque la raíz de todos los males es el amor al dinero,
el cual algunos, por codiciarlo, se extraviaron de la fe y acabaron por
experimentar muchos dolores. (11) Pero tú,
hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el
amor, la paciencia y la mansedumbre. (R-V c)
Cualquiera de nosotros, cristianos, dice amar a Dios con todo su corazón,
alma, fuerza y mente. ¿No es acaso lo que Él reclama de nosotros? Dirán en
respuesta; pero amar a Dios por sobre todas las cosas no debería tener exenciones,
declararé yo. Amarlo es entregarnos por completo a su voluntad; sin dejar lugar
a la duda o a nuestra propia voluntad.
El Ángel del Señor detuvo la mano de Abrahán después de que este tomara el
cuchillo, el sacrificio del holocausto era su propio hijo, al que debía
degollar porque Dios así lo había exigido. (Génesis
22:1 en adelante)
Job no maldijo al Señor ni se sentó a esperar la muerte como le hubiera
sugerido su esposa; en cambio soportó sin pecar, sabiendo que, si de buena gana
recibimos todas las bendiciones que Dios nos envía no tenemos el derecho de
renegar cuando nos llega lo malo. (Job
2:9 y 10)
Al orar en Getsemaní, Jesús, conociendo lo que habría de acontecer,
antepuso a su propia voluntad la voluntad del Padre. (Lucas 22:42)
La obediencia no menguará nuestro dolor, no disminuirá el miedo ni el
cansancio; debemos ser obedientes aun si no estuviésemos de acuerdo; es un acto
de fe y sujeción a la autoridad de Dios.
¿Pero cómo podremos ser obedientes si no escuchamos su voz? Pregunto.
¿Su voz? ¡Dirás todo lo que las Escrituras enseñan! Dios ya ha hablado por
medio de su Hijo y por lo escrito en su palabra. Responderán apresurados algunos
de ustedes, orando por mí y pidiendo al cielo que se abran mis ojos a las
Escrituras.
Y yo argumentaré en mi defensa; ¿Nunca nadie en sus Iglesias se acercó a
ustedes con palabras parecidas a estas: Siento del Señor que debo decirte esto
o aquello; y ustedes se sintieron descubiertos en algo de lo que nunca hablaron
ni siquiera con Dios para pedir perdón?
Job 33:14 Él nos habla de muchas maneras, pero nosotros nunca
entendemos. (15) Nos habla en
sueños, en visiones nocturnas, cuando el sueño nos vence y nos dormimos; (16) entonces nos habla al oído, y nos indica lo que debemos hacer, (17) para que nos apartemos del mal y dejemos
de lado la soberbia; (18) para que
nos libremos de la tumba o de sufrir una muerte violenta. (R-V c)
Job 36:10 Despierta además el oído de ellos para la
corrección, Y les dice que se conviertan de la iniquidad. (11) Si oyeren, y le sirvieren, Acabarán sus días
en bienestar, Y sus años en dicha.
Una vez, hace ya mucho tiempo, alguien me preguntó: ¿Por qué nos resultará
tan difícil oír la voz de Dios si nos es tan sencillo escuchar la del diablo?
Ha de ser porque el diablo se encarga, y bastante bien, de decirnos lo que realmente
deseamos escuchar; fue mi primera respuesta.
Pero mi cabeza siguió trabajando sobre aquella pregunta, sentí que había
más y deseaba saber de qué se trataba. Abrí la Biblia, busqué y hallé.
Juan 6:60 Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es
esta palabra; ¿quién puede escucharla?(R-V c)
Leí y más adelante encontré.
Juan 6:66 A partir
de entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirlo, y ya no andaban con
él. (R-V c)
Dios habla, corrige, enseña y se ocupa de hacernos regresar al camino, nos
tiene paciencia y soporta aun nuestros enojos mientras una parte de nosotros permanezca
en Él; cuando es nuestra decisión alejarnos ya no tiene sentido el que nos diga
nada, no discerniremos sus palabras. Entonces sí, la voz del diablo ocupará ese
lugar que hemos decidido dejar vacante. En este punto se encuentra lo que
reflexioné entonces y lo que hoy escribo.
Leemos un verso después que Jesús pregunta a los doce: ¿También ustedes quieren irse?
Y más adelante advierte: ¿Y acaso no los he escogido yo a ustedes
doce, y uno de ustedes es un diablo?
Estas palabras del Señor nos presentan algo interesante, no siempre los que
dejan de andar con Él se alejan de su lado, algunos se quedan hasta las
pascuas; por traslación, muchos de los que han dejado de andar con Él hoy continúan
ocupando un banco en nuestras Iglesias, predicando lo que dejaron de sentir o
mintiendo una cristiandad que no profesan en privado, crearán entonces ídolos
que sustituyan lo que han perdido. Ellos conocen a Dios, hasta pueden parecer
serviciales obreros y ser conocedores de su Palabra; pero sus tesoros están
aquí, en la tierra y no entienden, como bien lo dijo Pablo:
Dios tiene muchas maneras de hablar, la Biblia no nos dice si aquel hombre
que se inclinó ante el Señor, en algún momento de su vida encontró ese camino
que lo llevara a la vida eterna por la que corrió hasta los pies de Jesús; pero
no se marchó de allí sin antes saber cómo debía alcanzarla.
El Señor también declaró en aquella oportunidad a sus discípulos, cuando
estos se preguntaban entre sí: Entonces ¿quién podrá salvarse? (Marcos 10:26)
Esto es imposible para los hombres, pero no para Dios.
Porque para Dios todo es posible. (Marcos 10:27)
(R-V c)


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