El Blog de Viva y Eficaz
Sin temor al rechazo
Lucas 10:10 Pero en cualquier ciudad donde entréis y
no os reciban, saliendo a sus plazas, decid: (11) Os sacudimos aun el
polvo de vuestra ciudad que se nos pegó a los pies; pero sabed esto: El reino
de Dios se ha acercado. (BTX)
Estos dos versos nos hablan del rechazo, pero no el de aquel que se niega a
creer como individuo (creer o no, es una elección personal); aquí se está hablando
del rechazo porque sí, del no querer recibir, no dando validez al mensaje que acerca
el enviado. De ahí la declaración con la que finaliza el segundo verso: Pero
sabed esto: El Reino de Dios se ha acercado. Un grito de advertencia a
todos aquellos que escogieron no oír. No como individuos, sino como colectividad
y por acompañar a una mayoría.
Una breve introducción sin intenciones pedagógicas
El rechazo al cambio nace de nuestra incertidumbre, el hombre tiene por
costumbre aferrarse a lo que le es conocido, no es difícil entonces suponer que,
cualquier cambio que afecte su rutina le provocará cierto grado de ansiedad; incluso
antes de saber si este cambio redundará en beneficios o no. Sea por tradición, comodidad,
indiferencia, inseguridad propia o negación, nuestros hábitos crean raíces en
nosotros. Y si bien, como personas no podemos dejar de movernos en sociedad y
participamos de los permanentes cambios que suceden dentro de esta sin siquiera
darnos cuenta; como individuos, en cambio, tratamos de no promover ninguno;
principalmente por el temor a dejar de ser aceptados por los demás miembros del
entorno en el que nos movemos. La mayor expresión de lo que afirmo, hoy,
podemos observarla en una buena parte de la juventud, donde es la propia necesidad
de integración la que construye la identidad del individuo participante,
creando copias casi perfectas de un líder o referente, aunque sin las prebendas
de las que disfruta este.
Volviendo al tema
Cuando Jesús envió a los setenta (o setenta y dos) a predicar las buenas
nuevas no los envió al mundo (a los gentiles), los envió de dos en dos por las
ciudades a las que más tarde habría de acercarse Él; esto resulta en una
pequeña porción de la palestina del Nuevo Testamento entre Galilea y Judea. Los
que habrían de rechazar este mensaje, en el caso de ser rechazado, serían los
mismos judíos; las demás naciones llegarían más tarde, no todavía. El pueblo
judío fue el pueblo que esperó desde siempre al mesías anunciado por los
profetas, pero de poco serviría esto, Jesús sabía que muchos de ellos no
querrían oír. No importa si fue una, alguna o ninguna las ciudades que ignoraron
la Palabra que les fue mandada a predicar; Jesús calculó esta posibilidad y así
lo hizo saber a sus Discípulos y es esto en lo que debemos pensar; Él Dio una
posibilidad al rechazo; ¿Pero por qué? Por conocer el corazón de los hombres y
respetar el libre albedrío con el que nos hizo; a pesar de esto, y aun en el
rechazo, Él nos anuncia: El Reino de Dios se ha acercado. No
que debemos ir nosotros en su búsqueda, Él se ha acercado, y vino a nosotros
por su propia voluntad; a pesar de nuestras rebeldías, desplantes y la cabeza tan
dura como la tenemos algunos, Él se acerca y va de ciudad en ciudad pregonando
su mensaje de salvación, la Buena Noticia de su Reino.
La Iglesia creció con el testimonio Apostólico y el de los Discípulos
enviados a predicar la Palabra, el rechazo es una circunstancia posible, pero
el motivo de la llegada del mensajero debe darse a conocer, aunque los destinatarios
no quieran oír; ellos, incluso en su indiferencia deben saber de qué se trata,
y esto es: El Reino de Dios se ha acercado para salvación de todos los que
quieran escucharlo.
Isaías 52:7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que
trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae la buena nueva, del
que anuncia la salvación, del que dice a Sión: Tu Dios reina! (BTX)
No temamos al rechazo, la propuesta la hizo el Señor hace mucho tiempo a un
puñado de hombres, ellos hicieron crecer Su Iglesia como Él les mandó entonces;
hoy es nuestro turno y el mundo es la meta; ganémoslo para Cristo.
Lucas
24:47 y que en su nombre se predicara el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando por
Jerusalén. (48) De esto, ustedes son
testigos. (R-V c)
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