El Señor siempre responde a nuestras oraciones
Hebreos 5:7
Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó
que lo librara de la muerte, pues Dios tenía poder para hacerlo. Y como Cristo
siempre fue obediente, Dios contestó su oración.
El
cristiano ora a Dios (o debiera hacerlo) a diario y varias veces al día,
podemos orar por una necesidad (súplica), por el perdón (confesión), por la
necesidad de otro (intercesión), por gratitud (acción de gracias) o simplemente
para manifestarle lo mucho que le amamos o lo grande y maravilloso que es Él y
sus obras (adoración). Nuestra más temprana relación con Él comienza con una
oración, se trata de la oración que realizamos el mismo día que le conocimos y reconocimos
como nuestro Señor y salvador; a partir de allí, nuestra vida de oración comienza
a consolidarse en nuestra vida diaria y echa raíces en nuestro corazón hasta
convertirse en una necesidad. Descubrimos entonces, que no podemos pasar un
solo día sin estar en su presencia y es que, por medio de la oración sabemos
que Él está ahí para nosotros y atento.
Orar
hace que crezca nuestra fe, porque no dudamos que, a quien van dirigidas, nos escucha,
además; nos hace sentir protegidos, porque sabemos que quien nos oye, nos
cuida, y nos libra de la pesada carga que resultan nuestras faltas y necesidades,
porque a Él se las dejamos y es Él quien se ocupa de todas ellas con el amor de
un Padre amoroso que perdona nuestras faltas, atiende a nuestras necesidades, y
obra en consecuencia.
Mateo 7:9
Nadie le da a su hijo una piedra, si él le pide pan. (10) Ni le da una serpiente, si le pide un
pescado. (11) Si ustedes, que son
malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón Dios, su Padre que
está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan.
En
el texto bíblico con el que comencé esta parte de la lectura, (Hebreos 5:7) dice que Dios respondió a
la oración de su hijo; Cristo le pedía que lo librara de la muerte. Quien
conoce la historia puede, y no se equivocará, al afirmar: Pero Cristo murió en
la cruz.
![]() |
| Él ha sido fiel hasta la muerte |
Padre,
si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Había dicho Jesús orando al Padre; (Lucas
22:42) Él se encargó de hacer notar la diferencia entre su deseo, todavía
humano, a la voluntad y propósitos perfectos de Dios.
Dios
ve más allá de lo que cualquiera de nosotros puede ver y por eso podemos
aseverar que oyó y respondió (como nos dice el texto bíblico) al pedido de su
hijo; efectivamente lo libró de la muerte, no de la muerte necesaria, la de la
cruz, sino que lo libró de las ataduras de la muerte como consecuencia del
pecado, y junto con Él nos liberó a todos los que creímos en el efecto salvador
del sacrificio de Cristo.
La
respuesta de Dios puede no parecerse en nada a lo que esperamos recibir al momento
de orar; pero podemos confiar en que será lo mejor para nosotros, aunque al
principio no podamos entenderlo así.
La oración, nuestro
tiempo dedicado a Dios
Algo
parecido a lo que sucede con nosotros y nuestros hijos, cuando se nos acercan y
nos preguntan: ¿Tienes un momento? Quisiera hablar contigo; y nos es suficiente
ver el gesto de sus rostros para reconocer en ellos alegría, aflicción,
necesidad o culpa, y en consecuencia saber de qué irá la charla; igual ocurre
con nosotros y Dios. Como padres nos hace bien saber que ellos vienen a
nosotros, que pueden confiar plenamente, para lo que sea, pueda sucederles. Así
como sucede con nosotros y nuestros amados hijos; a nuestro Padre Dios le
agrada que nos acerquemos a Él para hacerlo parte de nuestros asuntos.
La
oración es nuestra manera de comunicarnos con Él, sabiendo que siempre estará
allí y tendrá un momento para escucharnos.
Dios
quiere que le dediquemos una parte de nuestro tiempo a Él para poder ir a su
presencia, en ese momento único que es nuestro tiempo de oración; sin nada en
medio que sea ajeno a Él y nosotros, lejos de los apuros de nuestras diarias
necesidades y las urgencias. El tiempo que dedicamos a Dios es tiempo ganado;
estar en comunión con Él en su Divina presencia es algo inexplicable y
solamente pueden entenderlo aquellos que lo han experimentado.
Un lugar para ese
encuentro
En
nuestros hogares tenemos, para nuestro bienestar, espacios preparados para usos
específicos, tenemos un lugar donde poder dormir, otro donde cocinamos, otro
donde disfrutamos en familia de esta comida preparada, un espacio para nuestro esparcimiento,
otro para el aseo personal y así para cada una de nuestras necesidades, podemos
afirmar que nuestras casas están a nuestro servicio. ¿Pero está dispuesta
también al servicio de Dios? (Desde que le permitimos entrar a nuestras vidas,
morador principal de nuestros hogares)
Mateo 6:6
Mas
tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que
está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (R-V)
Sería
interesante que los cristianos pensáramos en destinar en nuestras moradas un espacio
exclusivo para la oración, donde nada ni nadie nos distraiga; un lugar que,
cuando nuestra familia lo encuentre con la puerta cerrada, sepa que no debe
molestarnos si no es por algo verdaderamente grave e imposible de posponer.
Muchos de los grandes siervos de Dios sintieron esta necesidad y obraron en
consecuencia, ellos, entendiendo que la oración era la parte más importante de
sus ministerios, prepararon este espacio reservado en exclusividad a Dios (y
solamente para Dios); y allí, rodillas en tierra, se perfeccionaron para la
gran obra de trasmitir el mensaje de salvación.
La
oración debería ser una práctica habitual entre los verdaderos cristianos y no
una molesta obligación, como muchos de los que afirman ser creyentes parecen
sentir, tampoco debiera ser una rutina, lejos está de ser algo parecido a
despertar cada mañana, asearse y prepararse el té mientras se lee el periódico.
Colosenses 4:2
Dediquen siempre tiempo a la oración, y den gracias a Dios.
1Tesalonicenses 5:17 y 18
Oren
en todo momento. (18) Den gracias a Dios por todo, porque esto
es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús.
Orar
es gratificante y provechoso, es servicio y vocación; es en la oración donde se
manifiesta el poder edificante de Dios. Debemos ser constantes y perseverantes,
siempre confiando que tiene preparadas grandes cosas para nosotros. La
oración eficaz del justo puede mucho, dijo Pablo en Santiago 5:16.
Próxima entrega: Una Iglesia
gloriosa, sin mancha ni arruga
Que Dios los bendiga y guarde siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Con un comentario sabemos que estás ahí, y es una bendición saberlo.