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miércoles, 28 de mayo de 2014

Él Siempre nos Escucha

El Señor siempre responde a nuestras oraciones



Hebreos 5:7 Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó que lo librara de la muerte, pues Dios tenía poder para hacerlo. Y como Cristo siempre fue obediente, Dios contestó su oración.
El cristiano ora a Dios (o debiera hacerlo) a diario y varias veces al día, podemos orar por una necesidad (súplica), por el perdón (confesión), por la necesidad de otro (intercesión), por gratitud (acción de gracias) o simplemente para manifestarle lo mucho que le amamos o lo grande y maravilloso que es Él y sus obras (adoración). Nuestra más temprana relación con Él comienza con una oración, se trata de la oración que realizamos el mismo día que le conocimos y reconocimos como nuestro Señor y salvador; a partir de allí, nuestra vida de oración comienza a consolidarse en nuestra vida diaria y echa raíces en nuestro corazón hasta convertirse en una necesidad. Descubrimos entonces, que no podemos pasar un solo día sin estar en su presencia y es que, por medio de la oración sabemos que Él está ahí para nosotros y atento.
Orar hace que crezca nuestra fe, porque no dudamos que, a quien van dirigidas, nos escucha, además; nos hace sentir protegidos, porque sabemos que quien nos oye, nos cuida, y nos libra de la pesada carga que resultan nuestras faltas y necesidades, porque a Él se las dejamos y es Él quien se ocupa de todas ellas con el amor de un Padre amoroso que perdona nuestras faltas, atiende a nuestras necesidades, y obra en consecuencia.
Mateo 7:9 Nadie le da a su hijo una piedra, si él le pide pan. (10) Ni le da una serpiente, si le pide un pescado. (11) Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón Dios, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan.
Pero he aquí un pequeño detalle, “buenas cosas” es aquello que nos conviene, y nosotros tenemos por costumbre el dar por sentado que todo lo que le pedimos en oración es lo que nos conviene; pero deberíamos saberlo, nuestro Padre Dios, en su infinita sabiduría, entiende mejor que nosotros lo que es bueno, lo que aprovecha y lo que no, es por eso que su respuesta tantas veces es diferente a la que nosotros esperábamos.
En el texto bíblico con el que comencé esta parte de la lectura, (Hebreos 5:7) dice que Dios respondió a la oración de su hijo; Cristo le pedía que lo librara de la muerte. Quien conoce la historia puede, y no se equivocará, al afirmar: Pero Cristo murió en la cruz.
Él ha sido fiel hasta la muerte
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Había dicho Jesús orando al Padre; (Lucas 22:42) Él se encargó de hacer notar la diferencia entre su deseo, todavía humano, a la voluntad y propósitos perfectos de Dios.
Dios ve más allá de lo que cualquiera de nosotros puede ver y por eso podemos aseverar que oyó y respondió (como nos dice el texto bíblico) al pedido de su hijo; efectivamente lo libró de la muerte, no de la muerte necesaria, la de la cruz, sino que lo libró de las ataduras de la muerte como consecuencia del pecado, y junto con Él nos liberó a todos los que creímos en el efecto salvador del sacrificio de Cristo.
La respuesta de Dios puede no parecerse en nada a lo que esperamos recibir al momento de orar; pero podemos confiar en que será lo mejor para nosotros, aunque al principio no podamos entenderlo así.


La oración, nuestro tiempo dedicado a Dios
Algo parecido a lo que sucede con nosotros y nuestros hijos, cuando se nos acercan y nos preguntan: ¿Tienes un momento? Quisiera hablar contigo; y nos es suficiente ver el gesto de sus rostros para reconocer en ellos alegría, aflicción, necesidad o culpa, y en consecuencia saber de qué irá la charla; igual ocurre con nosotros y Dios. Como padres nos hace bien saber que ellos vienen a nosotros, que pueden confiar plenamente, para lo que sea, pueda sucederles. Así como sucede con nosotros y nuestros amados hijos; a nuestro Padre Dios le agrada que nos acerquemos a Él para hacerlo parte de nuestros asuntos.  
La oración es nuestra manera de comunicarnos con Él, sabiendo que siempre estará allí y tendrá un momento para escucharnos.
Dios quiere que le dediquemos una parte de nuestro tiempo a Él para poder ir a su presencia, en ese momento único que es nuestro tiempo de oración; sin nada en medio que sea ajeno a Él y nosotros, lejos de los apuros de nuestras diarias necesidades y las urgencias. El tiempo que dedicamos a Dios es tiempo ganado; estar en comunión con Él en su Divina presencia es algo inexplicable y solamente pueden entenderlo aquellos que lo han experimentado.

Un lugar para ese encuentro
En nuestros hogares tenemos, para nuestro bienestar, espacios preparados para usos específicos, tenemos un lugar donde poder dormir, otro donde cocinamos, otro donde disfrutamos en familia de esta comida preparada, un espacio para nuestro esparcimiento, otro para el aseo personal y así para cada una de nuestras necesidades, podemos afirmar que nuestras casas están a nuestro servicio. ¿Pero está dispuesta también al servicio de Dios? (Desde que le permitimos entrar a nuestras vidas, morador principal de nuestros hogares)
Mateo 6:6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. (R-V)
Sería interesante que los cristianos pensáramos en destinar en nuestras moradas un espacio exclusivo para la oración, donde nada ni nadie nos distraiga; un lugar que, cuando nuestra familia lo encuentre con la puerta cerrada, sepa que no debe molestarnos si no es por algo verdaderamente grave e imposible de posponer. Muchos de los grandes siervos de Dios sintieron esta necesidad y obraron en consecuencia, ellos, entendiendo que la oración era la parte más importante de sus ministerios, prepararon este espacio reservado en exclusividad a Dios (y solamente para Dios); y allí, rodillas en tierra, se perfeccionaron para la gran obra de trasmitir el mensaje de salvación.
La oración debería ser una práctica habitual entre los verdaderos cristianos y no una molesta obligación, como muchos de los que afirman ser creyentes parecen sentir, tampoco debiera ser una rutina, lejos está de ser algo parecido a despertar cada mañana, asearse y prepararse el té mientras se lee el periódico.  
Colosenses 4:2 Dediquen siempre tiempo a la oración, y den gracias a Dios.
1Tesalonicenses 5:17 y 18
Oren en todo momento. (18) Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús.

Orar es gratificante y provechoso, es servicio y vocación; es en la oración donde se manifiesta el poder edificante de Dios. Debemos ser constantes y perseverantes, siempre confiando que tiene preparadas grandes cosas para nosotros. La oración eficaz del justo puede mucho, dijo Pablo en Santiago 5:16.

Próxima entrega: Una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga
Que Dios los bendiga y guarde siempre.

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