.¿Título? Ojalá hubiera podido encontrar uno
Juan 7:24 No digan que algo está mal sólo porque así les parece.
Antes de afirmar algo, deben estar seguros de que así es. (Biblia en
lenguaje sencillo)
Lucas 6:37 Jesús también les dijo: No se conviertan en jueces de
los demás, y Dios no los juzgará a ustedes. No sean duros con los demás, y Dios
no será duro con ustedes. Perdonen a los demás y Dios los perdonará a ustedes. (BLS)
¡Es
una llama pequeña que puede incendiar todo un bosque! escribió Santiago refiriéndose a la lengua (Santiago 3:5)
A veces creo que algunos miembros de la Iglesia han olvidado que forman
parte del cuerpo de Cristo (Romanos 12:5)
y esto es fácil de advertir, alcanza con observar en las redes sociales, sus
páginas.
No es mi intención sentar en el banquillo de los acusados a las redes
sociales, demasiado nos servimos de ellas en función a nuestros objetivos, tampoco
deseo ser juez de los propósitos de todos aquellos que forman parte de alguna;
están ahí y pueden ser tan buenas o malas como nosotros pretendamos que sean. Pero
una cosa sé, el ser cristiano se confirma con el testimonio que damos a otros,
no se es cristiano solamente algunos días a la semana y en lugares específicos,
no alcanza con una afirmación de lo que somos, y esto es lo que los demás terminarán
descubriendo.
Es imposible
servir a dos señores (Lucas 16:13)
En 2Pedro 2:22
leemos: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.
Así son los jóvenes, dirán algunos, y mi respuesta será: No me refiero
solamente a ellos, además; ¿No deberíamos ocuparnos nosotros de formarlos y
disciplinarlos, de ser necesario, para que sepan como andar por estos caminos
de Dios? Todos ellos, aun los más confundidos, tienen posibilidades y
oportunidades para enmendarse, en cambio los viejos burros solemos morir con nuestras
malas mañas.
Hemos echado la barriga de los perezosos y permitimos que Satanás ocupara
el púlpito en muchas de nuestras iglesias, oímos cambiar el mensaje, observamos
como la sana doctrina perdía una buena parte de su santidad y tomaba la
apariencia de ese mundo al que decíamos ya no pertenecer, dimos oportunidad al
diablo y él hizo lo suyo, vimos como el templo era profanado, pero callamos con
el silencio de los cómplices durante muchos años, y como en el mal recuerdo de
un sueño, un día despertamos para descubrir que el sol estaba alto en el cielo,
marcando el final del mediodía y arrastrando a la tarde.
Una batalla que debió haberse librado en los templos se pelea a través de
internet. ¿Cómo podrán tomarnos en serio los incrédulos al acercarse a ver de
cómo va la cosa? ¿Qué puede saber aquel que está buscando a Dios sobre la
apostasía, sobre las sectas o la extensa lista de denominaciones y cultos
supuestamente cristianos existentes? ¿Cómo hará un neófito para saber quién es
quién en este descarnado enfrentamiento de videos, páginas y agravios
desmedidos? ¿Cómo sabrá dónde está la verdad, si al parecer, cada uno tiene la
suya?
Las batallas se ganan con inteligencia, no por conseguir las mismas armas
que el enemigo; el celo por lo que sabíamos verdadero debió ser motivo
suficiente para actuar como jueces inflexibles, persuadiendo al arrepentimiento
y perdonando después. Pero escogimos poner freno a nuestra lengua por una
sencilla razón, le dimos oportunidad a la duda y no estábamos tan sostenidos
por la doctrina que decíamos conocer.
2Timoteo 4:1 Te encargo delante de Dios y del Señor Jesucristo, quien
juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, (2) que prediques la palabra; que instes a
tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y
doctrina. (3) Porque vendrá un
tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que aun teniendo comezón de
oír se amontonarán maestros conforme a sus propios malos deseos, (4) y apartarán de la verdad sus oídos y se
volverán a las fábulas. (5) Pero tú
sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu
ministerio. (R-V c)
Desvistiéndonos
del nuevo hombre
o
¿Pero cómo mantenerme sobrio cuando las riquezas están delante de mí y al
alcance de la mano? ¿No se acabarían todas mis aflicciones? Vivo en este mundo,
¿Qué tiene de malo querer vivir mejor de lo que vivo? Después de todo solo se
trata de pequeñas correcciones en el mensaje, ¿fábulas? ¿Y qué si así desean
llamarlas? Tienen lo suyo, son pintorescas e instructivas, y le dan demasiadas
posibilidades a un buen orador; ¿No es acaso la oratoria, y desde hace mucho,
mi oficio? Casi puedo ver a mi iglesia abarrotada de público, ¿no fue esto lo
que siempre pretendió de su siervo, mi señor? ¿Además, que tonto le daría la
espalda a los tantos y tan abundantes donativos que, indudablemente, han de
llegar? Y acompañados de la admiración y el aplauso del público, ¿qué mejor inspiración
para nuevos y más eficaces mensajes? ¿Acaso el obrero no es digno de su salario?
Pregunto emulando al bueno de Pablo; ¿Y no soy yo el único que conoce el justo precio
de mi trabajo? Hoy ya no es cómo antaño, las cosas han cambiado y demasiado, la
gente está cansada de escuchar esos extensos y aburridos sermones que nos
muestran lo perverso que somos.
Pensaré en un buen nombre para colgar sobre la puerta del templo, todos lo
verán, y el templo ya no será un templo sino una catedral, la catedral de los
príncipes del reino; así será conocida entre los hombres.


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