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jueves, 19 de marzo de 2015

Yo también tengo una nueva profecía


A veces (cuando se me da por hacerlo), pienso; ¿Y en qué pienso? Se preguntarán, en que el ser cristianos nos vuelve, además de, en creyentes, en crédulos; y digo esto por observar con cuanta facilidad podemos ser engañados en nuestra fe. También me doy cuenta que, así como Tomás, no nos es suficiente con la fe, necesitamos ver para poder creer, ver cualquier cosa, aun las más disparatadas y dignas de rechazo. No nos basta con que ellos (los Apóstoles) hayan sido los testigos, y después nos lo presentaran (al Señor).

2Pedro 1:16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

Somos como niños, capaces de aceptar cualquier mentira que se nos diga: ¿Has visto? No crees en vano y aquí esta es la prueba que necesitabas; es así como una foto, una grabación o incluso la supuesta visión de un burocrático cielo, en donde los Ángeles son empleados de oficina, coleccionan nuestras lágrimas o se ocupan de salpicar con la sangre de Cristo los libros que cuentan de nuestra vida, en el justo momento de nuestra salvación; y donde algunos, entre todos ellos, lucen flamígeras espadas (seguramente por el temor de una invasión infernal). Donde una manada de caballos alaba, delante del Trono de Dios, de rodillas o donde Dios guarda la salud de su pueblo para más adelante, y como un buen agricultor, que seguramente es, cuida de nuestro alimento en grandes silos, tal vez pensando en posibles futuras hambrunas que Él no pueda controlar (entre otros disparates); nos hace soltar un ¡Gloria! O un ¡Dios vive! Sin razonar el por qué lo decimos.
O se nos muestra un infierno que se asemeja a la figura de una persona, donde castigados arrepentidos predican la Palabra y el Señor da su paz, aunque sin ninguna esperanza, a los que hasta allí cayeron. Para que nosotros digamos: Cierto es, el Señor es todo amor, incluso con las almas de los perdidos, ¡mira! ¿Quién sino Él va al infierno para consolar a estos pobres desdichados?

1Corintios 14:20 Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.

Profetas mentirosos que nos dicen lo que queremos escuchar, que escriben libros para dar a conocer esa espiritual visión, y después la venden a precio humano. Engañan y confunden a miles y engordan sus cuerpos con el producto del robo y la mentira; si ellos realmente creyeran, sabrían que al final recibirán una paga justa por todas sus iniquidades.

Jeremías 23:31 Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho. (32) He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová.

No nos protege como Iglesia, el templo, de tantos mentirosos, ellos están allí, y porque los escuchamos predicar tan bonito creemos que son hombres santos, escogidos para la obra; pero olvidamos que la de Satanás también es obra y tiene herramientas útiles para llevarla a cabo. Nos hacen creer que no debemos enfrentarlos; ¡No toques al ungido! Exclaman, Dios me dio poder para maldecirte, para atar y desatar; no te enfrentes a mí, o sobre ti caerán las plagas escritas en el libro. Y tememos que sea cierto ¿Acaso no somos humanos y los asuntos de Dios nos son un misterio? Somos humanos, y cobardes y desobedientes; de habernos instruido en su Palabra ninguno de ellos estaría hoy hablando desde nuestros púlpitos.

1Juan 4:1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

A veces (cuando se me da por hacerlo), pienso; ¿Y en qué pienso? Se preguntarán, en que, ¿no será que todavía no nos sacamos el mundo de encima y vivimos de acuerdo a este mundo del que nunca nos apartamos, y como consecuencia, mentimos nuestra Fe? ¿No será que todas nuestras dudas nacen de nuestra incredulidad; pero por temor damos una posibilidad a que pueda ser cierto todo este asunto que cuentan de Dios? Si es así deberíamos tener cuidado, nuestra salvación está en peligro.

1Juan 4:5 Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.

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