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sábado, 25 de julio de 2015

Hágase tu voluntad

Mañana ha de venir

No hay manera de predecir lo que mañana vendrá, ni siquiera el pronóstico del clima es infalible en estos asuntos de la predicción, y en el mejor de los casos solo es una aproximación con posibilidades de cumplirse.

A veces creo que la mente del cristiano suele jugar con esta incertidumbre como si se tratara de una meta a superar. Sin necesidad perdemos el tiempo pensando en el día de mañana, en nuestros proyectos y nuestras obligaciones, como si no estuviésemos sujetos a la voluntad del Altísimo, quien nos da y nos quita sin aviso previo, incluso estando enfermos y agonizando o disfrutando de buena salud.

Obramos como si nuestras vidas dependieran únicamente de nuestros deseos de despertar a un nuevo día y enfrentarlo según lo hemos proyectado, Dios se convierte entonces en el Señor de los días a Él dedicados, el resto de la semana es nuestro, tanto que nos sentimos poderosos cuando, después de haber vivido todo ese nuevo día, nos acostamos pensando en lo que al despertar habremos de hacer.

Ocuparnos de hoy y no preocuparnos por mañana, eso de un día a la vez y siempre obedientes a Su Potestad, nos hará mejores cristianos, entonces sí, Él se encargará (siempre y cuando sea de su agrado), de alargar nuestros días sobre la tierra y allanar el camino sobre el que nos es dado caminar.

Si nuestras vidas son vividas a través de Cristo y en Él ponemos nuestra esperanza, nada de lo que acontezca podrá hacernos tropezar y caer. Después de los días por vivir tenemos una certeza, la de estar con Él toda la eternidad, esa es su voluntad y nuestra meta; todo lo demás, simples calendarios.

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