Mañana ha de venir
No hay manera de predecir lo que mañana vendrá, ni siquiera
el pronóstico del clima es infalible en estos asuntos de la predicción, y en el
mejor de los casos solo es una aproximación con posibilidades de cumplirse.
A veces creo que la mente del cristiano suele jugar con esta
incertidumbre como si se tratara de una meta a superar. Sin necesidad perdemos
el tiempo pensando en el día de mañana, en nuestros proyectos y nuestras obligaciones,
como si no estuviésemos sujetos a la voluntad del Altísimo, quien nos da y nos quita
sin aviso previo, incluso estando enfermos y agonizando o disfrutando de buena
salud.
Obramos como si nuestras vidas dependieran únicamente de
nuestros deseos de despertar a un nuevo día y enfrentarlo según lo hemos proyectado,
Dios se convierte entonces en el Señor de los días a Él dedicados, el resto de
la semana es nuestro, tanto que nos sentimos poderosos cuando, después de haber
vivido todo ese nuevo día, nos acostamos pensando en lo que al despertar
habremos de hacer.
Ocuparnos de hoy y no preocuparnos por mañana, eso de un día
a la vez y siempre obedientes a Su Potestad, nos hará mejores cristianos, entonces
sí, Él se encargará (siempre y cuando sea de su agrado), de alargar nuestros
días sobre la tierra y allanar el camino sobre el que nos es dado caminar.
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